cóndor

A mi mujer le dio la risa el otro día cuando leyó en esta página que la plana mayor de la Legión Cóndor se iba de juerga al bar La Parrala de Aldea del Cano. Se imaginaba al coronel del ejército alemán, Whilhelm von Thoma, alto, espigado, rubio, hierático y elegante, con su uniforme gris, sus insignias y sus galones trasegando vino de pitarra en La Parrala, una humilde taberna ya cerrada, y no se lo creía.

Para poner un poco de orden, tuve que llamar a mi suegra, que, efectivamente, corroboró mi narración pues fue precisamente ella quien me habló de las juergas de la Wehrmacht en el bar de su pueblo. Mi suegra recuerda haber visto a los soldados y mandos alemanes en La Parrala siendo muy niña. En aquel tiempo, aún no llevaban el distintivo que se inventó Von Thoma unos meses después para distinguir a los soldados de la Legión Cóndor.

 

Lo de los soldados alemanes en Cáceres es un episodio de la Guerra Civil muy poco conocido, entre otras razones porque se intentó que pasara desapercibido para que no trascendiera y no despertara quejas del Comité de No Intervención. Así, los soldados fueron reclutados en Alemania sin saber su destino. Pensaban que iban a la ciudad polaca de Danzig (Gdansk). Al reunirlos en Berlín, partieron hacia el puerto de Settin, donde embarcaron en dos cruceros, pero vistieron a los soldados con trajes de paisano y partieron oficialmente en viaje de placer, aunque las bodegas de los barcos estaban llenas de armamento.

Desembarcaron en Sevilla, de donde se trasladaron a Extremadura en tren, ya uniformados, en convoyes mixtos de vagones de mercancías cargados de armamento pesado y vagones de viajeros. En el primer contingente, viajaban 180 soldados y oficiales, que se apearon en la estación de ferrocarril de Aldea del Cano, desde donde se trasladaron con el armamento al castillo de las Arguijuelas. Ahí fueron adiestrados los soldados españoles y alemanes en el manejo de los lanzallamas, los carros de combate Panzer, etcétera.

Los soldados de las unidades terrestres de la Legión Cóndor tenían prohibido acercarse a Cáceres para que su estancia pasara desapercibida. Por eso, iban a divertirse a Aldea del Cano, donde sus tardes de asueto no trascendían. La presencia alemana quedó patente cuando dos motoristas de la Legión Cóndor se mataron en la cacereña avenida de Alemania, a la altura del edificio El Descubrimiento, donde mi padre recuerda el monolito que se levantó en memoria de aquellos soldados. Por esa razón, esa avenida de acceso a la ciudad se llama de Alemania.

Las negociaciones para el envío de esta tropa alemana se cierran el 6 de septiembre, domingo, justo después de asistir Franco a misa en Santa María y de haber pronunciado su primer discurso ante la primera manifestación organizada en su honor bajo el palacio de Los Golfines de Arriba. En ese palacio, el general italiano Mario Roatta y el teniente coronel alemán Walter Warlimont ultiman los detalles para enviar más aviones, armamento pesado y soldados a Franco.

 

En el campo de aviación

 

El campo de aviación cacereño, ya había cazas Fiat italianos y los Junker y Heinkel alemanes de la Legión Cóndor. En un Junker, viajaba cada mañana de Sevilla a Cáceres y viceversa José Antonio de Sangróniz y Cuesta, el ladino Marqués de Desio, para servir a dos amos: a Franco por la mañana en Cáceres y a Queipo por la tarde en Sevilla mientras no se sabía cuál de los dos generales acabaría mandando.

En aquel Cáceres de septiembre de 1936, se estaba jugando la historia de Europa, aunque en Extremadura poco se recuerde de aquel tiempo. Y sí, es normal que mi mujer sonría, ¿quién iba a imaginar que Whilhelm von Thoma, aquel coronel estirado que en el otoño de 1936 trasegaba pitarra en La Parrala, acabaría invadiendo Polonia y Rusia al frente de sendas divisiones de carros blindados y dirigiendo el África Korps durante la batalla de El Alamein, donde fue hecho prisionero por los ingleses?

 

Texto por JR Alonso de la Torre

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *